Todos los métodos que yo conozco para desarrollarse humanamente aconsejan enfrentar los miedos que a cada cuál le subyugan. También insisten en que el temor no es mas que una ilusión. Claro que cuando uno los experimenta parecen mas sólidos que las rocas contra las que se estrella el Coyote persiguiendo al Correcaminos de los dibujos animados.
Gran parte del despertar espiritual consiste precisamente en distinguir lo ilusorio de esta existencia nuestra. Y para ello parece imprescindible poder comprobar qué es lo que hay al otro lado de cada miedo. Pero para averiguarlo - visto lo visto - no hay más fórmula que la de atravesarlo.
Y resulta que cuando uno reúne el valor suficiente y se enfrenta a lo que tanto le impide avanzar, dándole la impresión, a veces, de ir a romperse la crisma, va y desaparece el obstáculo y encima se le ofrecen un buen número de nuevas posibilidades...
Y a pesar de haberlo vivenciado más de una vez, a menudo encontramos nuevos temores que cultivar, que por muy distintos que sean responden al mismo tratamiento de mirarlos de frente y preguntarles qué demonios tememos que vaya a suceder...
¡Quién soltara del todo la manía de agarrarse a ellos!